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Hipnosis erótica · Para adultos que consienten, 18+
Mira Janssen

Aprender hipnosis: la primera
prueba, esta noche

Dedos magnéticos: cuatro minutos, dos manos y nada más. La intensidad varía de una persona a otra.

Casi todo el que quiere aprender hipnosis empieza por el sitio equivocado: por una inducción larga, con voz solemne y la esperanza callada de que ocurra algo grande. Lo normal es que no ocurra nada, y que después los dos duden de si esto funciona siquiera.

Antes de empezar

Antes de empezar

Nunca al volante, ni con maquinaria, ni después de beber alcohol. En caso de epilepsia, psicosis o tratamiento psiquiátrico en curso, consulta antes con un médico. Di de antemano que se puede parar en cualquier momento, y cúmplelo.

Esto no es terapia ni la sustituye. Es un ejercicio entre dos adultos que consienten.

Lo que necesitas

Lo que necesitas

Sentaos uno frente al otro, cómodos, con los pies en el suelo. Espacio suficiente para estirar los brazos. Ningún teléfono a la vista.

Habla más despacio de lo que te parece correcto: una frase por respiración tranquila. Ahí está el fallo más frecuente, no en la formulación.

Di de qué va: no es un examen, no hay nada que aprobar y se puede terminar cuando se quiera.

Sentaos uno frente al otro, cómodos, con los pies en el suelo. Espacio suficiente para estirar los brazos. Ningún teléfono a la vista.

Habla más despacio de lo que te parece correcto: una frase por respiración tranquila. Ahí está el fallo más frecuente, no en la formulación.

Di de qué va: no es un examen, no hay nada que aprobar y se puede terminar cuando se quiera.

El texto literal

El texto literal

Lo que va en cursiva no se dice en voz alta: es para ti. Los finales de línea son marcas de respiración; léelos como pausas.

Espera a que esté sentada con calma y respirando de forma regular. Solo entonces empieza.

Estira los dos brazos delante de ti, a la altura de los hombros. Las palmas se miran, separadas más o menos el ancho de una mano. Los índices estirados, los demás dedos entrelazados sin apretar.

Espera a que la postura se sostenga de verdad. Corrige con brevedad y amabilidad, sin explicar.

Bien. Así, exactamente. Y ahora mira el hueco entre las puntas de tus dedos. No los dedos: el espacio que hay entre ellos.

A partir de aquí ve más despacio. Una frase por respiración.

Y mientras miras ahí, quizá notes que el aire en ese hueco se vuelve un poco más denso. Como si allí hubiera algo. Algo que tira.

Imagina que en cada punta de dedo hay un imán pequeño. Dos imanes que se atraen. Y cuanto más miras, más fuerte se vuelve la atracción.

No tienes que hacer nada. No tienes que mover los dedos. Se mueven solos, poco a poco, el uno hacia el otro. Tirando. Más cerca. Más cerca.

Repite «más cerca» al ritmo del movimiento real: más rápido si los dedos se aceleran. Describe solo lo que ves; no afirmes nada.

Y en cuanto se toquen, la atracción cede, y tus brazos pueden bajar por sí solos.

Espera al contacto aunque tarde. Si los dedos se paran a mitad de camino, eso es un resultado como cualquier otro: ni un tono de decepción.

Muy bien. Deja caer los brazos y respira hondo una vez. ¿Qué has notado?

Cómo sabes que ha prendido

Cómo sabes que ha prendido

No por la velocidad. Una vacilación de medio segundo antes de que los dedos se muevan ya es el resultado: en ese medio segundo alguien ha dejado de gobernar sus manos. De eso se trata.

Fíjate en tres cosas. ¿Los movimientos se vuelven más pequeños y regulares en lugar de bruscos? ¿La mirada se ablanda y se fija a la vez? ¿Y la respuesta a tu última pregunta tarda un instante más de lo normal? Cada una de esas señales indica que la atención se ha ido hacia dentro, y la primera noche no necesita más.

Cuando no sale: los tres fallos más frecuentes

Cuando no sale: los tres fallos más frecuentes

Si los dedos no se mueven, casi nunca es cosa de la persona.

Con diferencia, el motivo más común. Lo que al hablar parece lento suele ir todavía deprisa. Quítale un tercio de velocidad.

«Tus dedos se atraen» es una afirmación que se puede desmentir. «Quizá notes que…» no. Describe, no ordenes.

Quien sostiene los brazos con esfuerzo siente el esfuerzo, no la atracción. Si hace falta, empieza más abajo, a la altura del pecho.

Deja bajar los brazos, hablad un momento y, si queréis, empieza otra vez más despacio. Dos intentos tranquilos valen más que uno apretado.

Con diferencia, el motivo más común. Lo que al hablar parece lento suele ir todavía deprisa. Quítale un tercio de velocidad.

«Tus dedos se atraen» es una afirmación que se puede desmentir. «Quizá notes que…» no. Describe, no ordenes.

Quien sostiene los brazos con esfuerzo siente el esfuerzo, no la atracción. Si hace falta, empieza más abajo, a la altura del pecho.

Hablar demasiado rápido
Un tono demasiado rotundo
Una postura incómoda

Siempre hay que salir

Siempre hay que salir

También este intento corto termina con una salida: soltar, respirar, una frase de vuelta a la habitación. Nunca pases sin más al tema siguiente: es la parte que casi todos se saltan y la única que no es opcional.

«Cuento de tres a uno. Al uno estás del todo despierta y aquí, en esta habitación. Tres: la atracción cede. Dos: los brazos vuelven a ser tuyos. Uno: aquí del todo, abre los ojos.»

Si alguien se queda aturdido más tiempo: háblale con calma, dale tiempo, un vaso de agua. Nada de alcohol, y nada de conducir en la media hora siguiente.

Cómo seguir

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Hipnosis erótica — El manual toma el oficio en el orden en que se necesita en la habitación, con guiones completos.
Saber a qué respondes
El test de sugestionabilidad muestra en doce preguntas por qué canal te llega el trance con más facilidad.

Preguntas frecuentes

¿Se puede aprender hipnosis por cuenta propia?

Lo básico, sí. Los ejercicios ideomotores como este, una inducción sencilla y una salida limpia se pueden trabajar entre dos a partir de una guía escrita: no hace falta más que un texto, tiempo y una segunda persona que consienta. Lo que no se aprende en un texto es cómo tratar a alguien a quien de pronto le sube algo inesperado. Para eso existen las formaciones.

¿Cuánto se tarda en aprender hipnosis?

El primer efecto visible, este, dura cuatro minutos. Una inducción que funcione de forma fiable son unas cuantas tardes de práctica. Las formaciones guiadas duran de unos días a varias semanas según el formato. En ningún caso hay garantía: las personas responden de forma distinta, y eso no es cuestión de talento ni de voluntad.

¿Quién puede aprender hipnosis?

Nada de lo que hay en estas páginas es un tratamiento. Quién puede llamarse hipnotizador y quién puede tratar enfermedades con hipnosis se regula de forma distinta en cada país: consulta lo que rige donde vives. Esto no es terapia y no trata nada.

¿Cuál es la forma más fácil de aprender hipnosis?

No empezar por una inducción, sino por un efecto pequeño y comprobable, exactamente como arriba. El motivo es práctico: una inducción de diez minutos de la que no sabes si funciona os deja inseguros a los dos. Cuatro minutos con un resultado visible dan la calma que hace falta para todo lo demás.

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